Hernia discal
Dolor de espalda, cojera o parálisis por un disco intervertebral que presiona la médula. Cómo se diagnostica y trata.
Es un problema del cuello que se ve sobre todo en perros jóvenes de razas muy pequeñas. Un diagnóstico temprano y un manejo cuidadoso son fundamentales.
Las dos primeras vértebras del cuello, el atlas y el axis, están unidas por ligamentos y por una pequeña prolongación ósea que actúa como un eje. Cuando esa unión es débil o falta parte de esas estructuras, las vértebras se mueven más de lo normal y pueden comprimir la médula espinal justo detrás de la cabeza. Esto se conoce como inestabilidad atlantoaxial y puede causar dolor de cuello, debilidad de las cuatro patas o incluso dificultad para respirar en casos graves.
Es una zona muy delicada, por lo que cualquier sospecha debe valorarse con calma y rapidez. Nuestro equipo te ayuda a entender el diagnóstico, a valorar las opciones de tratamiento y a planificar una posible cirugía. Mientras tanto, conviene mover al perro con mucho cuidado, sujetando cabeza y cuerpo a la vez, y evitar collares, saltos y juegos bruscos. Puedes pedir información, presupuesto o una segunda opinión por WhatsApp.
En la mayoría de los casos es un problema congénito: el animal nace con una malformación o ausencia de la prolongación ósea del axis, o con ligamentos poco desarrollados. Los síntomas suelen aparecer en el primer año o dos de vida, a veces tras un pequeño golpe o un movimiento brusco que en otro perro no tendría consecuencias. También puede ser adquirida, por un traumatismo importante en el cuello, en perros de cualquier raza y edad.
La exploración neurológica permite localizar la lesión en la parte alta del cuello. Se hace con muchísimo cuidado, evitando flexionar el cuello, porque podría empeorar la compresión. Las radiografías pueden mostrar la separación anómala entre vértebras, pero el TAC y la resonancia magnética aportan una información mucho más precisa: el TAC muestra bien el hueso y ayuda a planificar la cirugía, y la resonancia valora el estado de la médula. Derivamos a estas pruebas cuando están indicadas, siempre con el animal bien protegido.
El tratamiento conservador consiste en inmovilizar el cuello con un vendaje o collarín rígido durante varias semanas, junto con reposo estricto y control del dolor con fármacos pautados por el veterinario. Puede plantearse en casos leves, en animales muy jóvenes o cuando la cirugía no es posible, aunque existe riesgo de recaída.
La estabilización atlantoaxial quirúrgica busca fijar de forma permanente las dos vértebras para que no compriman la médula. Se considera en muchos casos la opción más definitiva, aunque requiere un equipo con experiencia por la delicadeza de la zona. Tras la intervención se mantiene un periodo de reposo controlado y revisiones.
El pronóstico depende de la gravedad de los signos neurológicos y del tiempo de evolución. Los perros que solo tienen dolor o debilidad leve suelen tener una perspectiva más favorable que los que ya no pueden caminar. La cirugía tiene riesgos, que el veterinario te explicará en detalle, pero en muchos animales permite una buena calidad de vida. Si tu perro de raza pequeña no puede levantarse, tiene dificultad para respirar o empeora tras un golpe, acude de inmediato a un servicio de urgencias veterinarias y avísanos por WhatsApp.
Si los síntomas aparecen de golpe (convulsiones que no ceden, no puede caminar, pierde sensibilidad o ha sufrido un golpe), acude de inmediato a un servicio de urgencias veterinarias y avísanos por WhatsApp para orientarte.
Cuéntanos qué ha pasado y cómo está; te indicamos cómo moverlo con seguridad.
Exploración neurológica sin forzar el cuello para localizar la lesión.
Derivación a TAC o resonancia para valorar el hueso y la médula.
Te explicamos opciones conservadoras y quirúrgicas, con sus riesgos, y te damos presupuesto.
Acompañamos el reposo, las revisiones y la rehabilitación posterior.
No siempre, pero en muchos casos es la opción más definitiva, porque fija las vértebras y evita nuevas compresiones. El tratamiento con collarín y reposo puede funcionar en algunos animales, aunque con más riesgo de recaída. La decisión depende de la gravedad, la edad y la anatomía del perro, y la tomáis juntos con el veterinario.
El collar ejerce presión directa sobre el cuello cuando el perro tira o se le sujeta, lo que puede aumentar el movimiento entre las vértebras y empeorar la compresión de la médula. El arnés reparte la fuerza en el pecho y es mucho más seguro para perros con este problema o con riesgo de tenerlo.
Muchos perros recuperan una vida tranquila y activa tras la estabilización y la rehabilitación, sobre todo si se operan antes de que los signos sean muy graves. Suele recomendarse seguir usando arnés y evitar juegos muy bruscos. El veterinario te dará pautas concretas según la evolución de tu perro.
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