Epilepsia
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La hernia discal es una de las causas más frecuentes de dolor de espalda y parálisis en perros. Te explicamos con calma qué ocurre y qué opciones existen.
Entre cada vértebra hay un disco que funciona como un amortiguador. Cuando ese disco se degenera, puede desplazarse hacia el canal vertebral y presionar la médula espinal, que es el cable que lleva las órdenes del cerebro al resto del cuerpo. El resultado puede ir desde un dolor de espalda o cuello hasta la pérdida de fuerza en las patas o una parálisis. Es una enfermedad muy habitual en consulta neurológica y, por suerte, tiene tratamiento.
No todas las hernias son iguales: algunas aparecen de golpe y otras se desarrollan poco a poco. Por eso el enfoque cambia mucho de un animal a otro. En nuestro equipo te ayudamos a entender la situación de tu mascota, a valorar si conviene un tratamiento médico o una cirugía y a pedir una segunda opinión si ya tienes un diagnóstico. Puedes consultarnos por WhatsApp y te orientamos sobre los siguientes pasos.
El disco intervertebral tiene un núcleo blando y una envoltura fibrosa. Con el tiempo, o por predisposición genética, el disco pierde elasticidad y se calcifica. En la llamada hernia tipo I, el contenido del disco sale de forma brusca y comprime la médula; suele verse en perros jóvenes o de mediana edad de razas condrodistróficas. En la tipo II, la envoltura se abomba lentamente y los signos progresan durante semanas o meses, más típico de perros mayores de razas grandes.
También existen extrusiones de disco poco hidratado o de baja compresión, en las que el material sale a gran velocidad, golpea la médula y apenas la comprime. Distinguir cada tipo es importante porque condiciona el tratamiento más adecuado: no se maneja igual una compresión intensa que una lesión por impacto, y esa diferencia solo se aprecia bien con pruebas de imagen.
El primer paso es una exploración neurológica completa: se valora cómo camina el animal, sus reflejos, si siente dolor al palpar la columna y si conserva la sensibilidad profunda en los dedos. Con esta información se localiza el tramo de la médula afectado y se estima la gravedad de la lesión.
Para confirmar el diagnóstico y planificar el tratamiento suele hacer falta una prueba de imagen avanzada, como la resonancia magnética o el TAC, a la que derivamos cuando está indicada. Las radiografías simples ayudan a descartar otras causas, pero no muestran bien la médula. El diagnóstico y el tratamiento los decide el veterinario tras explorar al animal.
En casos leves, con dolor pero sin pérdida importante de función, puede plantearse un tratamiento médico conservador: reposo estricto en un espacio reducido durante varias semanas, control del dolor con fármacos pautados por el veterinario (antiinflamatorios, analgésicos o relajantes musculares) y vigilancia estrecha de la evolución por si aparecen cambios.
Cuando hay pérdida de fuerza importante, parálisis, dolor que no cede o recaídas, la cirugía de descompresión suele ser la opción recomendada. Según la zona, se emplean técnicas como la hemilaminectomía en la espalda o el ventral slot en el cuello. Después, la rehabilitación neurológica ayuda a recuperar la marcha y la musculatura.
El pronóstico depende sobre todo de la gravedad de los signos y de la rapidez con la que se actúe. Los animales que conservan la sensibilidad profunda en las patas suelen tener una perspectiva favorable con el tratamiento adecuado. Cuando esa sensibilidad se ha perdido, la recuperación es más incierta y el tiempo juega un papel clave, aunque cada caso es distinto y conviene valorarlo de forma individual.
Si tu perro deja de caminar de forma brusca, arrastra las patas o no parece notar cuando le tocas los dedos, acude de inmediato a un servicio de urgencias veterinarias y avísanos por WhatsApp para orientarte. Mientras llegas, mantenlo tranquilo, en un espacio seguro y sin forzar sus movimientos; después nuestro equipo te ayudará con la valoración neurológica y los siguientes pasos.
Si los síntomas aparecen de golpe (convulsiones que no ceden, no puede caminar, pierde sensibilidad o ha sufrido un golpe), acude de inmediato a un servicio de urgencias veterinarias y avísanos por WhatsApp para orientarte.
Escríbenos por WhatsApp con los síntomas, cuándo empezaron y, si los tienes, informes o vídeos de cómo camina.
Valoramos marcha, reflejos, dolor y sensibilidad profunda para localizar la lesión y su gravedad.
Si está indicado, derivamos a resonancia magnética o TAC para confirmar el diagnóstico y planificar.
Te explicamos las opciones médicas o quirúrgicas, con sus ventajas e inconvenientes, y te damos presupuesto.
Acompañamos la rehabilitación y los controles hasta que tu mascota recupere la mayor función posible.
No siempre. Los casos leves, con dolor pero buena capacidad de caminar, pueden responder a un tratamiento conservador con reposo estricto y control del dolor. La cirugía suele recomendarse cuando hay pérdida importante de fuerza, parálisis, dolor que no mejora o recaídas. La decisión la toma el veterinario tras la exploración y, normalmente, una prueba de imagen. Si tienes dudas, podemos darte una segunda opinión.
Muchos perros recuperan la marcha, sobre todo cuando conservan la sensibilidad profunda y se actúa pronto. Si esa sensibilidad se ha perdido, el pronóstico es más reservado, aunque algunos animales también mejoran. La rehabilitación tiene un papel muy importante en la recuperación. Cada caso es distinto, por eso conviene una valoración neurológica individual cuanto antes.
Sí, aunque con menos frecuencia que los perros. Suelen verse en gatos de edad avanzada y pueden pasar desapercibidas porque los gatos esconden bien el dolor. Si tu gato deja de saltar, camina de forma extraña o tiene debilidad en las patas traseras, merece la pena una exploración neurológica para descartar esta y otras causas.
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