Gatos
Equilibrio, convulsiones, parálisis y caídas: cómo detectar un problema neurológico en tu gato, que suele disimular.
Los perros son la especie en la que más se conocen los problemas neurológicos. Te ayudamos a entender qué le pasa a tu perro y qué opciones existen.
Cuando un perro empieza a cojear de forma rara, arrastra las patas, se queja al tocarle el lomo o sufre una convulsión, es normal que te asustes. El sistema nervioso controla el movimiento, la sensibilidad y la conducta, así que sus problemas pueden manifestarse de muchas formas. La buena noticia es que hoy existen pruebas diagnósticas y tratamientos, médicos y quirúrgicos, para muchas de estas enfermedades, y que actuar a tiempo suele marcar la diferencia.
Nuestro equipo te ofrece asesoramiento antes de una cirugía neurológica, información clara sobre los procedimientos, presupuestos y segunda opinión. Cada perro es distinto: la raza, la edad, el tamaño y la forma en que aparecen los síntomas orientan mucho el diagnóstico. Aun así, el diagnóstico y el tratamiento los decide el veterinario tras explorar al animal y, si hace falta, con pruebas de imagen como la resonancia magnética o el TAC. Si tienes dudas, consúltanos por WhatsApp y te orientamos.
El disco entre vértebras se degenera y presiona la médula. Causa dolor de espalda o cuello, debilidad y, en casos graves, parálisis. Frecuente en razas condrodistróficas como el teckel.
Crisis convulsivas repetidas. Puede ser idiopática (sin causa identificable, a menudo con base genética) o deberse a una lesión cerebral, por eso conviene estudiarla bien.
Alteración del sistema del equilibrio: cabeza ladeada, movimientos rápidos de los ojos (nistagmo) y caídas. Puede tener origen en el oído o en el cerebro.
Degeneración lenta y progresiva de la médula espinal que empieza con descoordinación de las patas traseras en perros mayores, sin dolor. Se descarta antes otras causas.
Compresión de la médula en el cuello por inestabilidad o malformación vertebral. Típico de razas grandes y gigantes: marcha tambaleante y dolor cervical.
Inflamación del cerebro y sus membranas, a menudo de origen inmunomediado (el sistema inmunitario ataca al propio tejido). Puede causar crisis, cambios de conducta y descoordinación.
En perros predominan las enfermedades de la columna, sobre todo la hernia discal, seguidas de la epilepsia y los trastornos del equilibrio. La raza pesa mucho: los perros de patas cortas y espalda larga tienen más problemas de disco, las razas braquicéfalas (de hocico chato) presentan con frecuencia malformaciones vertebrales y las razas grandes pueden sufrir compresiones cervicales. En perros mayores conviene pensar también en tumores y en enfermedades degenerativas.
La forma de inicio da pistas valiosas. Un problema que aparece de golpe sugiere causas como una hernia aguda o un embolismo fibrocartilaginoso, que es un pequeño fragmento de material del disco que bloquea un vaso de la médula. En cambio, un empeoramiento lento a lo largo de semanas o meses orienta más hacia procesos degenerativos o tumorales. Contarle al veterinario cómo empezó todo ayuda mucho a orientar el estudio.
La exploración neurológica es la base de todo: observamos cómo camina, comprobamos los reflejos, la colocación de las patas, la sensibilidad y el dolor a la palpación. Con ello se localiza dónde está la lesión, y esa localización decide qué prueba de imagen tiene sentido. La resonancia magnética es la técnica de referencia para cerebro y médula, y el TAC resulta muy útil para huesos y algunos casos de columna.
Las pruebas de imagen y la cirugía requieren anestesia general. Antes se valora el estado general de tu perro con una exploración completa y análisis de sangre, y según su edad o su raza pueden añadirse otras pruebas. Las razas braquicéfalas necesitan una vigilancia especial de la vía respiratoria durante la anestesia y al despertar. El equipo adapta el protocolo a cada paciente para que el proceso sea lo más seguro posible.
Si sospechas un problema de columna, limita el movimiento de tu perro: nada de saltos, escaleras ni paseos largos hasta que lo valore un veterinario. Para trasladarlo, sujétalo manteniendo la espalda recta, con una mano bajo el pecho y otra bajo la cadera, o utiliza una superficie rígida si es grande. Si tiene dolor, puede intentar morder aunque sea muy dócil, así que manéjalo con calma.
Ante convulsiones de más de unos minutos o seguidas, parálisis brusca, pérdida de sensibilidad en las patas o un golpe en la cabeza, acude de inmediato a un servicio de urgencias veterinarias y avísanos por WhatsApp. Durante una convulsión, aparta los objetos con los que pueda golpearse y no metas la mano en su boca. No le des medicación humana ni restos de tratamientos anteriores sin indicación veterinaria.
No todos los problemas neurológicos se pueden prevenir, pero algunos hábitos reducen el riesgo, sobre todo en la columna. Mantener un peso adecuado, fortalecer la musculatura con paseos regulares y evitar saltos repetidos desde el sofá o la cama ayuda mucho a las razas predispuestas. El arnés es preferible al collar en perros con problemas cervicales, y las rampas facilitan el acceso a los muebles.
En razas con enfermedades hereditarias descritas, como la mielopatía degenerativa o algunas malformaciones, conviene informarse sobre los programas de cría responsable y las pruebas genéticas disponibles antes de adquirir un cachorro. También es importante acudir a las revisiones periódicas, sobre todo a partir de la edad madura, y consultar pronto cualquier cambio en la forma de caminar, ya que detectar a tiempo un problema facilita su manejo.
Si los síntomas aparecen de golpe (convulsiones que no ceden, no puede caminar, pierde sensibilidad o ha sufrido un golpe), acude de inmediato a un servicio de urgencias veterinarias y avísanos por WhatsApp para orientarte.
Escríbenos por WhatsApp con una descripción de los síntomas y, si puedes, un vídeo. Te orientamos sobre la urgencia y los siguientes pasos.
El veterinario explora a tu perro y revisa su historial y las pruebas previas para localizar dónde está el problema.
Si hace falta, se deriva a pruebas de imagen como la resonancia o el TAC, o a otras pruebas complementarias.
Te explicamos las opciones médicas o quirúrgicas, sus ventajas y limitaciones, y te damos un presupuesto claro.
Acompañamos la recuperación con revisiones y pautas de rehabilitación adaptadas a tu perro.
Las cojeras neurológicas suelen acompañarse de arrastre de uñas, tropiezos, patas que se cruzan o que el perro no recoloca bien la pata cuando se le dobla. A veces hay dolor de espalda. Las de origen articular suelen localizarse en una sola pata. Solo una exploración veterinaria permite distinguirlas con seguridad, por eso te recomendamos consultarnos si notas algo raro.
No siempre. Algunos perros con síntomas leves mejoran con reposo estricto y tratamiento médico pautado por el veterinario. La cirugía se plantea cuando hay déficits importantes, dolor que no cede o empeoramiento. La decisión depende de cada caso y se toma tras la exploración y las pruebas de imagen. Si te han propuesto operar, podemos darte una segunda opinión.
Toda anestesia conlleva algún riesgo, pero se reduce mucho con una valoración previa adecuada y una monitorización correcta durante la prueba. El equipo veterinario adapta el protocolo a la edad, la raza y el estado de salud de tu perro. Si tienes dudas concretas, pregúntanos y te explicamos qué se tiene en cuenta en su caso.
Equilibrio, convulsiones, parálisis y caídas: cómo detectar un problema neurológico en tu gato, que suele disimular.
Tortícolis, Encephalitozoon cuniculi, otitis y lesiones de columna: qué vigilar en tu conejo y cómo actuar.
Insulinoma, paresia posterior y moquillo: los problemas neurológicos más habituales en hurones y cómo actuar.
Hernia discal, dolor de espalda y otros problemas neurológicos frecuentes en el teckel: qué vigilar y cómo actuar.
Cuéntanos qué le pasa y te orientamos sin compromiso: diagnóstico, opciones de tratamiento, presupuesto o segunda opinión.
Traducción automática de Google. Requiere aceptar las cookies de «Preferencias».
Tamaño actual: 100%