Perros
Hernias discales, epilepsia, vestibular y más: cómo reconocer los signos neurológicos en tu perro y qué hacer.
Los gatos esconden muy bien el malestar, así que los signos neurológicos pueden ser sutiles. Te ayudamos a interpretarlos y a decidir los siguientes pasos.
Un gato que de repente camina como borracho, ladea la cabeza, deja de saltar a sus sitios habituales o arrastra las patas traseras necesita atención. Por naturaleza, los gatos disimulan el dolor y la debilidad, de modo que muchas veces el tutor solo nota que está más quieto, más escondido o que ha cambiado su forma de moverse. Saber qué observar ayuda a consultar a tiempo y a que el veterinario llegue antes al diagnóstico.
En nuestro equipo te ofrecemos asesoramiento antes de una cirugía neurológica, información sobre procedimientos, presupuestos y segunda opinión. En gatos, algunas causas de signos neurológicos tienen origen en otros órganos, como el corazón, los riñones o la tiroides, por lo que el estudio suele ser global. El diagnóstico y el tratamiento los decide el veterinario tras explorar al animal y, si hace falta, con pruebas de imagen. Consúltanos por WhatsApp si algo te preocupa.
Cabeza ladeada, nistagmo y pérdida de equilibrio. Puede deberse a otitis media o interna, pólipos del oído o ser idiopático (sin causa identificable), que suele mejorar.
Caídas desde ventanas o balcones y atropellos pueden lesionar el cerebro o la médula. Requieren atención inmediata y manejo cuidadoso.
Un coágulo, casi siempre de origen cardiaco, bloquea la sangre a las patas traseras: parálisis brusca, dolor intenso y patas frías. Es una urgencia.
En gatos las crisis suelen ser secundarias a otra enfermedad (inflamación, tumores, problemas metabólicos o tóxicos), por lo que conviene buscar la causa.
En gatos mayores, el meningioma (tumor de las membranas del cerebro) y el linfoma son de los más descritos. Causan cambios de conducta, giros o debilidad.
Inflamación del cerebro por infecciones como la peritonitis infecciosa felina o la toxoplasmosis. Puede dar fiebre, descoordinación y alteraciones de la conducta.
En gatos destacan los trastornos del equilibrio, las lesiones por caídas o atropellos y las crisis convulsivas, que a diferencia del perro suelen tener una causa identificable. Las enfermedades de disco existen, pero son menos frecuentes. En gatos jóvenes hay que pensar en infecciones y malformaciones; en gatos mayores, en tumores y en enfermedades de otros órganos que afectan al sistema nervioso, como la hipertensión o los problemas renales.
Una parálisis repentina de las patas traseras con dolor intenso, maullidos y patas frías puede no tener su origen en la columna, sino en un tromboembolismo aórtico, causado por un coágulo que se forma en el corazón. Es una urgencia que requiere atención inmediata. Por eso, en gatos con signos neurológicos, el veterinario a menudo revisa también el corazón, la tensión arterial y la función de otros órganos.
Explorar a un gato requiere paciencia: en la consulta muchos se bloquean y no caminan, lo que dificulta valorar la marcha. Por eso los vídeos grabados en casa son tan útiles. El veterinario completa la exploración con reflejos, sensibilidad y respuesta al dolor, y suele pedir analíticas, medición de la tensión arterial y, según el caso, pruebas cardiacas, porque varias causas neurológicas se originan fuera del sistema nervioso.
La resonancia y el TAC requieren anestesia general. Antes se valoran la función renal y cardiaca y el estado general del gato, especialmente si es mayor, y se ajusta el protocolo anestésico a sus necesidades. Durante el procedimiento se cuida mucho la temperatura corporal, porque los gatos se enfrían con facilidad, y se procura que la recuperación sea tranquila y en un entorno silencioso.
Si tu gato ha sufrido una caída o muestra debilidad, colócalo en un transportín rígido con una toalla, preferiblemente de los que se abren por arriba, para introducirlo sin forzar la columna. Mantén el ambiente tranquilo y con poca luz. Un gato con dolor o desorientado puede arañar o morder, así que envuélvelo con una toalla si necesitas moverlo.
Ante convulsiones de más de unos minutos o seguidas, parálisis brusca, patas traseras frías o un golpe en la cabeza, acude de inmediato a un servicio de urgencias veterinarias y avísanos por WhatsApp. Nunca le des medicamentos de uso humano, porque muchos de ellos son tóxicos para los gatos incluso en pequeñas cantidades. Tampoco intentes darle de comer o beber si está desorientado o tiene dificultad para tragar.
La medida preventiva más eficaz en gatos de ciudad es proteger ventanas y balcones con redes o mallas, ya que las caídas desde altura son una causa frecuente de lesiones graves. Las revisiones periódicas permiten detectar a tiempo problemas cardiacos, renales o de tensión arterial que pueden acabar afectando al sistema nervioso, sobre todo a partir de edad madura.
También ayuda revisar los oídos si tu gato se rasca o sacude la cabeza con frecuencia, porque las otitis pueden extenderse al oído medio e interno y afectar al equilibrio. Mantén fuera de su alcance plantas tóxicas, productos de limpieza y medicamentos, y no uses nunca antiparasitarios pensados para perros, ya que algunos de sus componentes pueden provocar temblores y convulsiones en los gatos.
Si los síntomas aparecen de golpe (convulsiones que no ceden, no puede caminar, pierde sensibilidad o ha sufrido un golpe), acude de inmediato a un servicio de urgencias veterinarias y avísanos por WhatsApp para orientarte.
Cuéntanos por WhatsApp qué has observado y envíanos vídeos si los tienes. Te orientamos sobre la urgencia.
El veterinario realiza una exploración general y neurológica y revisa analíticas y pruebas previas.
Según el caso, se deriva a resonancia, TAC, estudio cardiaco u otras pruebas para llegar al diagnóstico.
Te explicamos las opciones de tratamiento, qué se puede esperar y su presupuesto, sin compromiso.
Revisamos la evolución y adaptamos el plan y el entorno de casa a las necesidades de tu gato.
La cabeza ladeada indica un problema del sistema vestibular, que controla el equilibrio. A menudo se debe a problemas de oído o es idiopático y mejora en pocos días o semanas, pero también puede tener un origen cerebral. Conviene que lo valore un veterinario pronto, sobre todo si hay decaimiento, convulsiones o no come. Consúltanos y te orientamos.
Puede deberse a dolor articular, muy habitual en gatos mayores, pero también a debilidad de origen neurológico o a otras enfermedades generales. Los gatos rara vez se quejan, así que este cambio es una señal que merece una revisión. El veterinario explorará la columna, las articulaciones y los reflejos para orientar el diagnóstico.
En gatos es frecuente que las crisis sean consecuencia de otra enfermedad, como inflamación cerebral, tumores, alteraciones metabólicas o tóxicos, aunque también existe la epilepsia sin causa identificable. Por eso suele recomendarse un estudio completo con analíticas y, si hace falta, resonancia. El tratamiento, si es necesario, lo pauta el veterinario según la causa.
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