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El yorkshire terrier, como otras razas toy, tiene predisposición a problemas del cuello y del cerebro. Reconocerlos pronto marca la diferencia.
El yorkshire terrier es pequeño en tamaño pero enorme en personalidad: valiente, vivaz y muy cariñoso. Su tamaño diminuto, fruto de la selección como raza toy, también influye en la forma en que se desarrollan su cráneo y las primeras vértebras del cuello. Por eso, en esta raza se describen con frecuencia algunos problemas neurológicos que conviene conocer desde que es cachorro.
En esta página te explicamos por qué el yorkshire tiene más riesgo, qué enfermedades neurológicas se ven con más frecuencia y qué síntomas deben hacerte consultar. También te contamos cómo se diagnostican y qué opciones de tratamiento existen. Recuerda que el diagnóstico y el tratamiento los decide el veterinario tras explorar al animal y, si hace falta, con pruebas de imagen.
En las razas toy como el yorkshire, la unión entre las dos primeras vértebras del cuello, el atlas y el axis, puede formarse de manera incompleta. A menudo falta o está mal desarrollada una pequeña prolongación ósea llamada apófisis odontoides, o los ligamentos que la sujetan son débiles. Esto permite un movimiento excesivo que puede comprimir la médula espinal, lo que se conoce como inestabilidad atlantoaxial.
Su cráneo pequeño y redondeado también se asocia a la hidrocefalia, una acumulación de líquido en el interior del cerebro, a veces con la fontanela abierta. Además, el yorkshire figura entre las razas con más casos descritos de encefalitis necrotizante, una inflamación inmunitaria del cerebro, y de otras alteraciones congénitas como los shunts portosistémicos, que pueden dar síntomas neurológicos y confundirse con otras enfermedades.
Movimiento excesivo entre las dos primeras vértebras que comprime la médula. Causa dolor de cuello, debilidad en las cuatro patas o tropiezos.
Acumulación de líquido en el cerebro. Puede dar cráneo abombado, torpeza, cambios de comportamiento o convulsiones.
Inflamación inmunitaria del cerebro que puede causar convulsiones, desorientación, giros en círculo o cambios de carácter.
Un vaso anómalo hace que las toxinas no se filtren en el hígado y afecten al cerebro, sobre todo tras las comidas.
Para proteger el cuello de tu yorkshire, usa siempre arnés en lugar de collar y evita los tirones bruscos de la correa. Cuídate de los saltos desde los brazos o desde muebles altos, y enseña a los niños de casa a cogerlo con suavidad y con las dos manos. Un golpe que en un perro grande sería leve puede ser importante en un perro tan pequeño.
Si tu cachorro tiene la fontanela abierta, coméntalo con el veterinario y evita golpes en la cabeza. Las revisiones durante el crecimiento ayudan a detectar a tiempo cualquier alteración. Además, una dieta adecuada y unas comidas bien repartidas ayudan a evitar bajadas de azúcar en cachorros muy pequeños. Ante cualquier duda, puedes consultarnos por WhatsApp sin compromiso.
Ante dolor de cuello, debilidad o tropiezos, el veterinario hace una exploración neurológica con mucho cuidado, evitando mover el cuello en exceso. La inestabilidad atlantoaxial se estudia con radiografías, TAC y resonancia magnética. En la hidrocefalia y la encefalitis, la resonancia y, a veces, el análisis de líquido cefalorraquídeo ayudan a confirmar el diagnóstico.
La inestabilidad atlantoaxial puede tratarse con un collarín y reposo estricto en casos concretos, aunque a menudo se valora una cirugía de estabilización atlantoaxial. La hidrocefalia puede manejarse con medicación pautada por el veterinario o, en algunos casos, con una derivación ventriculoperitoneal. La encefalitis se trata con medicación inmunomoduladora. Te explicamos cada opción y te damos un presupuesto.
Muchos yorkshires tratados a tiempo llevan una vida normal y feliz. Tras una cirugía de cuello, el reposo controlado y el seguimiento cercano son fundamentales para una buena recuperación. En las enfermedades que requieren medicación prolongada, las revisiones permiten ajustar el tratamiento y mantener su bienestar. Sigue siempre las pautas de reposo y medicación que te indique el veterinario.
En casa, mantén las medidas de protección del cuello y la cabeza, y observa cualquier cambio en su forma de moverse o de comportarse. Ante la duda, consúltanos. Grabar un vídeo de cualquier episodio raro y anotar cuándo ocurre nos ayuda mucho a valorar su evolución y a decidir si hay que ajustar algo del tratamiento.
Si los síntomas aparecen de golpe (convulsiones que no ceden, no puede caminar, pierde sensibilidad o ha sufrido un golpe), acude de inmediato a un servicio de urgencias veterinarias y avísanos por WhatsApp para orientarte.
Escríbenos por WhatsApp con lo que has notado en tu yorkshire y, si puedes, un vídeo corto del episodio o de cómo camina. Así entendemos mejor la situación desde el principio.
Exploramos al animal para localizar en qué parte del sistema nervioso está el problema: reflejos, postura, sensibilidad y forma de moverse.
Según lo que veamos, te explicamos qué pruebas conviene hacer (radiografías, TAC, resonancia magnética o análisis de sangre) y derivamos a pruebas de imagen cuando es necesario.
Te presentamos las opciones de tratamiento, médicas o quirúrgicas, con sus ventajas y limitaciones, y te damos un presupuesto claro para que decidas con calma.
Te acompañamos en la recuperación y en las revisiones, y resolvemos tus dudas por WhatsApp siempre que lo necesites.
No siempre, pero a menudo se recomienda porque estabilizar la articulación reduce el riesgo de nuevas lesiones de la médula. En algunos casos leves o cuando la cirugía no es posible, se valora un tratamiento conservador con collarín y reposo estricto. La decisión la toma el veterinario tras la exploración y las pruebas de imagen.
No necesariamente. En razas toy es relativamente frecuente que la fontanela tarde en cerrarse o no se cierre del todo sin que haya síntomas. La hidrocefalia se sospecha cuando además hay signos neurológicos, y se confirma con pruebas de imagen. Coméntalo con el veterinario y protege su cabeza de golpes.
Es una inflamación del cerebro de origen inmunitario que se describe en algunas razas pequeñas, entre ellas el yorkshire. Puede causar convulsiones, desorientación o cambios de comportamiento. Se diagnostica con resonancia magnética y análisis del líquido cefalorraquídeo, y se trata con medicación que pauta el veterinario. Consúltanos si notas alguno de estos signos.
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