Hernia discal
Dolor de espalda, cojera o parálisis por un disco intervertebral que presiona la médula. Cómo se diagnostica y trata.
Si a tu perro le cuesta levantarse, se queja al saltar o lleva la cola baja, puede tratarse de un problema en la zona lumbosacra, al final de la columna.
La médula espinal termina antes que la columna vertebral, y a partir de ese punto continúa como un haz de nervios que se parece a la cola de un caballo, de ahí el nombre cauda equina. Estos nervios controlan las patas traseras, la cola, la vejiga y el ano. Cuando se comprimen en la unión entre la última vértebra lumbar y el sacro, aparece el síndrome de cauda equina, también llamado estenosis lumbosacra degenerativa.
El síntoma más habitual es el dolor en la parte baja de la espalda, que puede confundirse con problemas de cadera. Con un buen diagnóstico, muchos perros mejoran de forma notable. Nuestro equipo te ayuda a valorar el caso, las pruebas necesarias y las opciones de tratamiento. Lo importante es no esperar a que el dolor vaya a más. Solicita información, presupuesto o una segunda opinión por WhatsApp.
La causa más habitual es degenerativa: con el paso del tiempo, el disco de la zona lumbosacra se abomba, los ligamentos se engrosan y las articulaciones crecen, estrechando el espacio por el que pasan los nervios. Pueden contribuir malformaciones de las vértebras de esa zona o la inestabilidad entre ellas. Con menos frecuencia, la compresión se debe a infecciones del disco, tumores o fracturas.
En la exploración neurológica y ortopédica se busca dolor al presionar la zona lumbosacra, al extender la cadera o al levantar la cola, y se valoran los reflejos y la sensibilidad de las patas traseras, la cola y la zona perianal. Es importante descartar problemas de cadera o rodilla, que pueden coexistir.
Las radiografías pueden mostrar cambios en las vértebras, pero la resonancia magnética o el TAC son las pruebas que permiten ver la compresión de los nervios. Derivamos a estas pruebas cuando están indicadas, ya que son imprescindibles si se plantea una cirugía y permiten ver otras causas posibles de los síntomas.
En perros con dolor leve y sin pérdida de función importante, suele empezarse con un tratamiento médico conservador: restricción de la actividad durante varias semanas, control del dolor y la inflamación con fármacos pautados por el veterinario, control del peso y rehabilitación posterior para fortalecer la musculatura. Si el dolor no mejora, recae o hay debilidad, incontinencia o pérdida de sensibilidad, se valora la descompresión lumbosacra, una cirugía que libera los nervios comprimidos. En algunos casos se combina con estabilización de las vértebras.
El pronóstico suele ser favorable en perros cuyo síntoma principal es el dolor, tanto con tratamiento médico como con cirugía. Cuando ya existe pérdida del control de la orina o las heces de larga evolución, la recuperación de esas funciones es más incierta, por lo que conviene no esperar demasiado ante los primeros signos. Los perros de trabajo pueden necesitar adaptar su actividad.
Si tu perro pierde de repente el control de la orina, las heces o la fuerza en las patas traseras, acude de inmediato a un servicio de urgencias veterinarias y avísanos por WhatsApp. Mientras llegas, mantenlo tranquilo, en un espacio seguro y sin forzar sus movimientos; después nuestro equipo te ayudará con la valoración neurológica y los siguientes pasos.
Si los síntomas aparecen de golpe (convulsiones que no ceden, no puede caminar, pierde sensibilidad o ha sufrido un golpe), acude de inmediato a un servicio de urgencias veterinarias y avísanos por WhatsApp para orientarte.
Escríbenos por WhatsApp con los síntomas y un vídeo de cómo se levanta y camina.
Exploración neurológica y ortopédica para distinguir el origen del dolor.
Derivación a resonancia o TAC de la zona lumbosacra cuando están indicadas.
Te explicamos las opciones conservadoras o quirúrgicas y te damos presupuesto.
Acompañamos la recuperación con ejercicios y revisiones periódicas.
Ambos problemas pueden causar dificultad para levantarse y cojera trasera, y a veces coexisten. La exploración neurológica y ortopédica permite distinguir el origen del dolor, por ejemplo valorando reflejos, sensibilidad o la respuesta al presionar la zona lumbosacra. Las pruebas de imagen ayudan a confirmar el diagnóstico.
Muchos perros vuelven a una actividad normal tras el tratamiento y la rehabilitación, aunque en perros de trabajo o deporte puede ser necesario adaptar la intensidad. El retorno debe ser progresivo y supervisado. El veterinario valorará cada caso según la evolución y el tipo de actividad.
Sí, en muchos perros con dolor leve el tratamiento conservador con reposo relativo, control del dolor, pérdida de peso si es necesaria y rehabilitación da buenos resultados. La cirugía se considera si el dolor no se controla, recae con frecuencia o aparecen signos neurológicos como debilidad o incontinencia.
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