Hemilaminectomía
Cirugía para liberar la médula espinal comprimida por una hernia discal toracolumbar. Te explicamos cuándo se plantea.
El final de la columna aloja un haz de nervios que controla las patas traseras, la cola y la vejiga. Cuando se comprime, la descompresión lumbosacra puede aliviarlo.
La zona lumbosacra es la unión entre la última vértebra lumbar y el sacro, el hueso que conecta la columna con la cadera. Por ahí pasa la cauda equina, un conjunto de nervios con forma de cola de caballo que controla las patas traseras, la cola, la vejiga y el intestino. Cuando un disco, los ligamentos o el propio hueso estrechan ese espacio, los nervios se comprimen. Es lo que se conoce como síndrome de cauda equina o estenosis lumbosacra.
Suele manifestarse con dolor en la parte baja de la espalda, dificultad para levantarse, saltar o subir escaleras y, en casos avanzados, problemas con la cola o al orinar. La descompresión lumbosacra es la cirugía que busca liberar esos nervios. En nuestro equipo te explicamos con calma las opciones disponibles. El diagnóstico y el tratamiento los decide el veterinario tras explorar al animal y, si hace falta, con pruebas de imagen.
El cirujano accede por la parte superior de la zona lumbosacra y retira una porción del techo de la vértebra, lo que se llama laminectomía dorsal. Así puede ver los nervios y quitar lo que los está apretando, como el material de un disco o un ligamento engrosado. Si los nervios quedan atrapados en los orificios laterales por donde salen, también se pueden ampliar. En algunos casos con inestabilidad, se valora además fijar las vértebras con implantes.
Se plantea cuando hay dolor lumbosacro que no mejora con el tratamiento médico conservador, cuando aparecen déficits neurológicos como debilidad o problemas de cola y vejiga, o cuando hay recaídas. Afecta sobre todo a perros de razas grandes y de trabajo o deporte, de mediana edad. También existe una forma congénita en algunos perros jóvenes. En gatos es poco frecuente, pero puede aparecer.
La exploración neurológica y ortopédica es fundamental, porque el dolor lumbosacro puede confundirse con problemas de cadera o de rodilla, muy frecuentes en las mismas razas. La resonancia magnética es la prueba de referencia para ver los nervios y el grado de compresión; el TAC aporta mucha información sobre el hueso y los orificios de salida de los nervios. Se completa con analíticas y valoración anestésica.
Tras la cirugía se recomienda reposo controlado durante varias semanas, paseos cortos con correa, nada de saltos ni carreras, y control del peso. La rehabilitación, con ejercicios para fortalecer la musculatura de la espalda y las patas traseras, ayuda a recuperar la función y a prevenir recaídas. En perros de trabajo o deporte, la vuelta a la actividad se planifica de forma gradual y siempre bajo indicación veterinaria.
Los riesgos, que el veterinario te explicará con calma, incluyen complicaciones anestésicas, infección o acumulación de líquido en la herida, empeoramiento pasajero y que los síntomas reaparezcan con el tiempo por formación de tejido cicatricial o por la propia evolución del problema. Las revisiones y una buena rehabilitación ayudan a reducir y detectar estos problemas.
Si los síntomas aparecen de golpe (convulsiones que no ceden, no puede caminar, pierde sensibilidad o ha sufrido un golpe), acude de inmediato a un servicio de urgencias veterinarias y avísanos por WhatsApp para orientarte.
Escríbenos por WhatsApp y cuéntanos los síntomas; un vídeo caminando y levantándose ayuda mucho.
Te orientamos sobre la exploración neurológica y ortopédica para distinguir el origen del dolor.
Te explicamos cómo derivar a resonancia o TAC y te ayudamos a entender los resultados.
Repasamos el tratamiento médico y la cirugía y te enviamos un presupuesto claro.
Te acompañamos en la recuperación y en la vuelta progresiva a la actividad.
Es una duda muy habitual, porque la displasia de cadera y el síndrome de cauda equina pueden causar signos parecidos y afectar a las mismas razas. Incluso pueden coexistir. Por eso es tan importante una exploración neurológica y ortopédica detallada y, si hace falta, pruebas de imagen. El veterinario valorará cuál es el origen principal del dolor.
Sí. En casos leves suele empezarse con tratamiento médico conservador: reposo, control del peso, fisioterapia y fármacos antiinflamatorios o analgésicos que pauta el veterinario. Muchos perros mejoran así, aunque en algunos los síntomas vuelven. La cirugía se valora cuando no hay respuesta suficiente o aparecen déficits neurológicos.
Muchos perros recuperan una buena calidad de vida y algunos vuelven a su actividad, aunque depende del grado de compresión, del tiempo de evolución y de cómo responda a la rehabilitación. La vuelta se hace de forma progresiva y guiada. El veterinario te indicará qué nivel de actividad es razonable en cada fase.
Cirugía para liberar la médula espinal comprimida por una hernia discal toracolumbar. Te explicamos cuándo se plantea.
Cirugía por la parte inferior del cuello para retirar una hernia discal cervical que comprime la médula.
Procedimiento que vacía parcialmente discos de riesgo para reducir la probabilidad de futuras hernias discales.
Dolor de espalda, cojera o parálisis por un disco intervertebral que presiona la médula. Cómo se diagnostica y trata.
Cuéntanos qué le pasa y te orientamos sin compromiso: diagnóstico, opciones de tratamiento, presupuesto o segunda opinión.
Traducción automática de Google. Requiere aceptar las cookies de «Preferencias».
Tamaño actual: 100%